Durant describe la política económica de Diocleciano, siglo III

 En César y Cristo, Durant describe la política económica de Diocleciano, siglo III, con una precisión que corta.

Primero el Estado sustituyó el sistema de precios por una economía administrada. Después controló el grano, el aceite, el hierro, la sal. Después dictó precios máximos para todos los bienes y servicios del Imperio, el Edicto de Precios del 301 d.C. Resultado fue qu los bienes desaparecieron del mercado. Lo que no puede venderse a precio libre, no se produce ni se ofrece. El mecanismo es tan simple que da vergüenza tener que explicarlo, y sin embargo dos mil años después los gobiernos siguen aplicando la misma política con la misma cara de sorpresa cuando llegan los mismos resultados. Pero lo más demoledor no es el Edicto. Es lo que vino después. Para evitar que la gente huyera del campo y de las ciudades escapando de los impuestos y las regulaciones, el Estado romano ató literalmente a los campesinos a la tierra. Durant lo llama servidumbre de hecho. El feudalismo medieval, argumenta Durant, tiene su raíz principal en las restricciones que Diocleciano y sus sucesores impusieron para impedir que la gente se fugara. La servidumbre medieval fue la consecuencia lógica del intervencionismo romano. Y para financiar todo esto, los impuestos subieron a niveles que Durant describe como de continuidad ubicua sin precedentes. La burocracia, el ejército, las obras públicas y la dole tenían que financiarse con los ingresos del año en curso porque Roma aún no había descubierto el endeudamiento público para disimular el despilfarro y postergar la rendición de cuentas. Esto es clave y Durant no termina de verlo del todo, el endeudamiento público no resuelve el problema. Los modernos sí lo descubrieron, y por eso la deuda reemplazó al impuesto como mecanismo de extracción, con el plus de que el costo se le carga a generaciones que todavía no pueden votar en contra. Durant lo sintetiza así en el epílogo del tomo: el costo creciente de los ejércitos, las dádivas, las obras públicas, la burocracia en expansión y una corte parasitaria; la depreciación de la moneda; el desaliento de la capacidad productiva y la absorción del capital de inversión por parte de una tributación confiscatoria; todo eso conspiró para socavar las bases materiales de la vida italiana, hasta que el poder de Roma fue un fantasma político que sobrevivía a su propia muerte económica. Un fantasma político que sobrevivía a su propia muerte económica. Durant escribió eso en 1944. Lo que describe es exactamente el orden de operaciones, intervención de precios, fuga de capital, servidumbre regulatoria, debasement monetario, colapso de la estructura productiva. No hay ningún misterio en la caída de Roma y tampoco lo hay en ninguna de las que vinieron después.

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