La estupidez sistémica de la política: ¿tenemos los políticos que toleramos, los que podemos elegir o los que el sistema produce?

 La estupidez sistémica de la política: ¿tenemos los políticos que toleramos, los que podemos elegir o los que el sistema produce?

¿Qué mecanismos permiten que una clase política pueda conservar el poder sin estar sometida a una exigencia suficientemente rigurosa de conocimiento, competencia, resultados y responsabilidad?

Hay que distinguir dos cosas:

  • La crítica literaria y moral: expresa hartazgo ante la retórica vacía, la falta de autocrítica, el oportunismo y la aparente desconexión con los grandes problemas de la sociedad.

  • El diagnóstico institucional: sostiene que el sistema político selecciona y recompensa determinados comportamientos, mientras dificulta la entrada o permanencia de otros.

La segunda hipótesis es mucho más útil para nuestro análisis de estupidez sistémica. No necesita demostrar que todos los políticos son intelectualmente incapaces. Basta con estudiar si los incentivos favorecen la fidelidad al partido, la confrontación y la comunicación por encima de la competencia y los resultados.

1. ¿Son así porque los votantes no les exigimos más?

Argumentos a favor

En una democracia representativa, los ciudadanos influyen en los incentivos de los gobernantes mediante el voto y otros mecanismos de participación. Si los partidos descubren que pueden mantener apoyos apelando a la identidad, al miedo al adversario o a conflictos simbólicos, tienen menos incentivos electorales para explicar programas complejos o reconocer errores.

También existe una responsabilidad ciudadana: exigir rigor al contrario, pero tolerar los mismos defectos en los propios, debilita la rendición de cuentas.

Argumentos en contra

Los votantes no seleccionan libremente a todos los candidatos ni controlan directamente las decisiones internas de los partidos.

En España, por ejemplo, las listas del Congreso son cerradas y bloqueadas: el elector vota una candidatura cuyo orden no puede modificar. La selección previa de candidatos depende de las organizaciones políticas.

Además, los ciudadanos votan teniendo en cuenta múltiples intereses legítimos —economía, derechos, servicios públicos, identidad, seguridad—, y no necesariamente porque aprueben todas las características personales de los candidatos.

Hay también un problema informativo. La gestión pública produce resultados difíciles de atribuir: una mejora económica puede depender de factores internacionales, una reforma puede tardar años en funcionar y un mal resultado puede proceder de decisiones anteriores.

Por tanto, el voto no constituye una evaluación técnica perfecta.

Conclusión: los votantes participamos en los incentivos del sistema, pero no controlamos toda la oferta política ni disponemos siempre de información suficiente para evaluarla.

2. ¿No exigimos más porque no tenemos los medios para hacerlo?

Argumentos a favor

La complejidad del Estado moderno crea una gran asimetría informativa entre gobernantes y ciudadanos.

Para valorar una decisión sobre pensiones, vivienda, política industrial, inmigración, energía o inteligencia artificial no basta con escuchar una intervención parlamentaria. Hay que comprender datos, costes, incentivos, alternativas, efectos distributivos y horizontes temporales.

Pocos ciudadanos pueden dedicar varias horas al día a comprobarlo. Y no deberían necesitar hacerlo para que la democracia funcionase.

Argumentos en contra

No es cierto que carezcamos completamente de instrumentos. Existen instituciones fiscalizadoras, tribunales, universidades, periodistas de investigación, portales de transparencia y organismos de evaluación.

La AIReF, por ejemplo, realiza evaluaciones del gasto público y dispone de herramientas para consultar hallazgos y seguir recomendaciones.

Evaluaciones

El problema no es únicamente la ausencia de información, sino su accesibilidad, difusión, interpretación y utilización efectiva.

Los datos de la OCDE ofrecen una perspectiva interesante:

ESPAÑA · ENCUESTA OCDE 2025, PUBLICADA EN 2026

21 %

Confía en los partidos políticos

38 %

Percibe que personas como ellas pueden influir en lo que hace el Gobierno
Porcentajes de respuestas positivas o moderadamente positivas, según el indicador. La confianza en el Gobierno nacional aumentó entre 2023 y 2025, lo que desaconseja hablar de deterioro irreversible.

Esto permite formular una distinción:

Una sociedad puede tener mucha información disponible y, sin embargo, carecer de un sistema eficaz para convertirla en exigencia política.

Publicar datos no es lo mismo que facilitar su comprensión. Facilitar su comprensión no garantiza que produzcan consecuencias.

3. ¿Los medios tampoco exigen más porque el frentismo favorece sus ventas?

Esta es probablemente la pieza más importante para comprender el mecanismo de retroalimentación que describes.

Argumentos a favor

Existe evidencia de que el contenido que enfrenta identidades políticas puede generar mayor interacción en redes.

Un estudio de PNAS que analizó 2,7 millones de publicaciones de políticos y medios estadounidenses encontró que los mensajes sobre el grupo político adversario se compartían aproximadamente el doble que los mensajes sobre el propio grupo. Es evidencia de un incentivo hacia la confrontación en ese entorno, aunque no mide directamente las ventas de los periódicos españoles.

Además, la información política compite por atención con entretenimiento, redes sociales y otras plataformas. Un conflicto personal se explica en segundos; un análisis sobre productividad, financiación autonómica o competencia industrial necesita tiempo y especialistas.

Argumentos en contra

No todos los medios se financian mediante publicidad o buscan maximizar clics. Existen modelos de suscripción, medios públicos, proyectos especializados y periodismo de investigación.

Tampoco toda confrontación es frentismo: investigar corrupción, cuestionar una decisión gubernamental o entrevistar críticamente a un ministro puede generar conflicto precisamente porque cumple una función democrática.

Y no está demostrado que todos los medios ganen más dinero por polarizar. La confrontación también puede provocar desconfianza, abandono de audiencias y pérdida de reputación.

El Digital News Report 2026 del Instituto Reuters aporta dos datos sobre España:

33 %

Confía generalmente en las noticias

37 %

Evita las noticias a veces o con frecuencia
Instituto Reuters, junio de 2026. Son indicadores de percepción y comportamiento informativo, no una medición directa de parcialidad periodística.

La formulación  más sólida es:

Una parte del ecosistema mediático y digital opera bajo incentivos que pueden premiar la confrontación inmediata más que la explicación profunda, dificultando que la ciudadanía evalúe las políticas públicas con criterios consistentes.

4. El cuarto factor que falta: ¿cómo se seleccionan los políticos?

Los mecanismos de selección y promoción dentro de los partidos.

La pregunta no es solo si los ciudadanos exigimos suficiente, sino qué capacidades recompensan las organizaciones políticas.

Podemos plantear cuatro hipótesis que deberían contrastarse empíricamente:

Cualidad

¿Qué incentivos podrían favorecerla?

Lealtad al partido

Disciplina interna y control de candidaturas

Habilidad comunicativa

Competencia por visibilidad y atención

Capacidad de negociación

Construcción de mayorías y acuerdos

Conocimiento técnico y capacidad de gestión

Resultados verificables y evaluación de políticas

Estas cualidades no son necesariamente incompatibles. La lealtad puede facilitar la acción colectiva; la comunicación es imprescindible en democracia; negociar es una capacidad política valiosa.

El riesgo surge cuando las capacidades para llegar al poder y conservarlo tienen una relación débil con las capacidades necesarias para ejercerlo eficazmente.

Esta es una hipótesis sobre incentivos institucionales, no una prueba de que los dirigentes carezcan de inteligencia.

El gran riesgo no es necesariamente que el sistema seleccione personas poco inteligentes, sino que pueda recompensar comportamientos que producen resultados colectivamente poco inteligentes.

Ahí aparece la diferencia entre estupidez individual y estupidez sistémica.

5. El círculo completo: cuatro actores y una responsabilidad compartida

Hipótesis de retroalimentación de la estupidez sistémica

Partidos políticos

Pueden recompensar fidelidad, comunicación y posicionamiento electoral

Medios y plataformas

Parte del mercado de atención favorece contenidos conflictivos y emocionales

Ciudadanos

Reciben información fragmentada y pueden evaluar mediante identidades antes que resultados

Instituciones y mecanismos de control

Pueden tener dificultades para traducir evaluaciones técnicas en responsabilidad efectiva

Los incentivos iniciales se pueden reproducir

Lo interesante es que ninguno de estos actores necesita querer deliberadamente un mal resultado colectivo.

Un partido puede buscar votos. Un medio, audiencias. Un ciudadano, defender sus intereses y valores. Un dirigente, conservar su puesto.

Cada comportamiento puede tener una racionalidad individual, mientras su interacción produce una discusión pública superficial o una escasa corrección de errores.

Este es uno de los mecanismos que debemos estudiar bajo el concepto de estupidez sistémica: la posibilidad de que decisiones individualmente racionales generen resultados colectivamente contraproducentes.

6. El texto inicial: ¿dónde acierta y dónde cae en las siete falacias?

Aquí hay una contradicción fascinante.

El autor denuncia la degradación intelectual del debate público, pero utiliza una retórica que puede reproducir algunos de sus peores defectos.

A favor de su argumento: identifica problemas dignos de investigación: lenguaje político vacío, comunicación diseñada para no comprometerse, autocomplacencia, selección de élites y ciudadanos convertidos en espectadores del enfrentamiento.

En contra: sustituye repetidamente la evaluación de comportamientos por insultos sobre la inteligencia y la condición humana de grupos enteros.

Y esto permite conectar el texto con nuestras siete falacias:

Falacia

Riesgo presente en el texto

Hombre de paja

Reducir la política a una caricatura de ignorancia y oportunismo

Autoridad

Dar más valor a la supuesta brillantez intelectual del emisor que a argumentos comprobables

Anecdótica

Utilizar discursos políticos irritantes como prueba de una incapacidad general

Generalización apresurada

Afirmar que prácticamente todos los políticos comparten los mismos defectos

Tu quoque

Descartar críticas por la hipocresía previa de quien las formula

Punto medio

Suponer que todos los partidos son indistinguibles sin comparar resultados

Ad hominem

Sustituir la crítica política por ataques a la apariencia, biografía o inteligencia

No todas estas falacias aparecen necesariamente en cada párrafo, pero el texto contiene varios de sus mecanismos.

La crítica más importante es esta:

Denunciar la estupidez mediante la deshumanización del adversario puede producir indignación, pero no necesariamente mayor comprensión.

De hecho, la investigación sobre redes sociales muestra que los mensajes de hostilidad política pueden distorsionar la percepción que tenemos del adversario y aumentar la sensación de enfrentamiento social

El insulto ofrece una satisfacción inmediata. El diagnóstico institucional exige mucho más trabajo.

7. ¿Cómo romper el círculo?

La solución no puede consistir únicamente en pedir políticos más preparados o ciudadanos más responsables.

Desde nuestro enfoque RMS, convendría estudiar reformas en tres niveles:

Recursos: mejorar el acceso público a datos comprensibles, información presupuestaria, análisis independientes, educación cívica y periodismo especializado.

Mecanismos: facilitar la comparación de promesas y resultados, publicar evaluaciones periódicas, transparentar procedimientos de selección política y fortalecer los incentivos del periodismo de investigación.

Sistemas: conectar las instituciones fiscalizadoras, los medios, las universidades y la participación ciudadana para que el conocimiento tenga consecuencias reales en la rendición de cuentas.

Una herramienta conceptual especialmente interesante sería un cuadro público de evaluación de políticas, independiente de los partidos, que permitiera comprobar:

Pregunta

Qué debería mostrarse

¿Qué prometieron?

Objetivos concretos y plazos

¿Qué hicieron?

Medidas realmente ejecutadas

¿Cuánto costó?

Recursos presupuestados y empleados

¿Qué consiguieron?

Indicadores de resultados e impacto

¿Qué falló?

Desviaciones y causas reconocidas

¿Qué corrigieron?

Cambios realizados tras la evaluación

Incluso este modelo necesitaría controles: un indicador mal diseñado puede favorecer el maquillaje estadístico, y no todos los resultados son atribuibles a un solo gobierno.

Pero desplazaría parte de la conversación desde quién ha ganado el enfrentamiento hacia qué políticas han producido resultados y bajo qué condiciones.

8. Conclusión: la hipótesis más profunda

No sabemos que todos los políticos sean mediocres, ni que los ciudadanos sean incapaces de exigirles más, ni que todos los medios prefieran la confrontación por razones comerciales.

Lo que sí podemos examinar es cómo interactúan los incentivos de selección política, la limitada información ciudadana, la competencia por la atención y la eficacia de los mecanismos de control institucional.

La estupidez sistémica de una democracia no consiste necesariamente en estar gobernada por personas poco inteligentes. Consiste en que las reglas del juego pueden recompensar la obediencia antes que el criterio, la confrontación antes que la explicación, la fidelidad antes que la autocrítica y la victoria electoral antes que el aprendizaje institucional.

La responsabilidad, por tanto, no puede atribuirse exclusivamente a políticos, votantes o medios. Es una cuestión de diseño institucional y de incentivos que se refuerzan mutuamente.

Una sociedad comienza a tener un problema serio cuando resulta más fácil ganar notoriedad denunciando al adversario que demostrar la eficacia de una solución; cuando es más rentable interpretar la realidad desde la identidad política que contrastarla; y cuando la información que permitiría corregir errores existe, pero no se transforma en responsabilidad. No hace falta que todos sus dirigentes sean estúpidos: basta con que el sistema premie conductas que impiden aprender.

Y recuperaría una de las ideas centrales de nuestro trabajo:

La estupidez individual puede corregirse con conocimiento. La estupidez sistémica exige, además, cambiar los incentivos que recompensan el error.

Ahí está, probablemente, la diferencia entre indignarse con la clase política y construir una teoría verdaderamente útil para mejorar la democracia.


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