España/pensiones y avisos

 El debate sobre la sostenibilidad del sistema público de pensiones en España suele girar en torno a variables como la fecundidad, la inmigración, el crecimiento económico o el nivel de los salarios.


Durante estas vacaciones de Navidad, he escrito una breve nota, “Pensiones contributivas: Cuando la TIR no cuadra” y que he colgado aquí:

https://www.sas.upenn.edu/~jesusfv/Pensiones.pdf

Jesus explica que el problema fundamental al que nos enfrentamos es otro, más simple y, a la vez, más incómodo: la tasa interna de retorno (TIR) que ofrece el sistema público de pensiones contributivo en España es demasiado alta en relación con el crecimiento de sus ingresos.


Un sistema de reparto solo puede ser sostenible si la rentabilidad implícita que promete a los cotizantes es coherente con el crecimiento conjunto de la población y de las cotizaciones sociales (y sí, esta TIR tiene todo el sentido del mundo en un sistema de reparto sin componente alguno de capitalización).

Cuando esa coherencia se rompe, ninguna combinación realista de mayor productividad, mayor empleo o mayor inmigración puede cerrar la brecha de manera permanente. El problema no es demográfico en sí mismo, ni salarial en sentido estricto, sino actuarial.

Es más, centrar la atención en la TIR sostenible del sistema permite apartar el foco del déficit del sistema contributivo, que suele ocupar el centro del debate en España. Aunque este déficit es presupuestariamente de primera importancia, no es el problema en sí, sino un síntoma del problema subyacente.

Fijarnos en exceso en el déficit del sistema contributivo conduce con frecuencia a propuestas de solución erróneas, como propugnar reducciones de gasto en otras partidas (habitualmente etiquetadas como “despilfarro”) para cubrir dicho déficit.

Argumentar que reducir el “despilfarro” soluciona el problema es totalmente y absolutamente erróneo porque ignora el principio más básico de la economía: el coste de oportunidad. Este se define como el valor de la mejor alternativa a la que renunciamos al destinar recursos a un uso en lugar de otro.

Supongamos que España logra reducir el gasto público en partidas distintas de las pensiones en un x % del PIB, donde x % es la cifra que cada cual considere pertinente o factible.

La pregunta clave es por qué ese x % debería destinarse a cubrir el déficit de pensiones contributivas y no a educación, sanidad, infraestructuras, vivienda o a una reducción de impuestos. La lógica del Estado de bienestar es redistribuir por renta y necesidades, no por edad.

El problema fundamental no es, por tanto, el déficit, sino que cuando comparamos la TIR del sistema en España con la TIR que lo haría sostenible. El resultado es preocupante: la TIR del sistema en España está entre un 1,5 % y un 2,2 % anual por encima del nivel de sostenibilidad.

O dicho de manera más clara: no, los pensionistas contributivos actuales no están cobrando lo que pagaron en cotizaciones sociales. Están disfrutando de una TIR excesiva, que se traduce en pensiones entre un 45% y un 65% del valor actuarial justo que correspondería al valor actual de sus cotizaciones sociales pasadas (y, claro, ya considerando el riesgo de mortalidad).

El objetivo de esta nota no es proponer soluciones cerradas, sino aclarar el diagnóstico de nuestros problemas de pensiones.

Sin un ajuste de la TIR del sistema, el debate sobre las pensiones seguirá girando en círculos, algunos de ellos profundamente absurdos (como discutir si existe o no suficiente despilfarro en las administraciones públicas para cerrar el déficit del sistema) y otros meros actos de virtud performativa

El valor presente descontado de la pensión contributiva que recibe un trabajador, empleado la TIR correcta (el crecimiento de los recursos del sistema), es entre un 45% y un 65% por encima del valor presente descontado de las cotizaciones sociales que pagó ese trabajador

El valor presente descontado de la pensión contributiva que recibe un trabajador, empleado la TIR correcta (el crecimiento de los recursos del sistema), es entre un 45% y un 65% por encima del valor presente descontado de las cotizaciones sociales que pagó ese trabajador.

La TIR actual está entre 1,5% y 2,2% por encima de la sostenible en términos anuales.

Todas las pensiones, incluso las más altas, tienen una TIR superior a la sostenible.

En las pensiones bajas, al menos, se puede argumentar que esta TIR excesiva puede ser un complemento "asistencial" (uno puede estar o no de acuerdo con este "complemento").

En las pensiones más altas este complemento no tiene sentido alguno

"La TIR del sistema creado durante el franquismo era insostenible. De hecho, era mucho, mucho peor que la actual.

Gracias a la reforma de 1985, absolutamente necesaria, esa TIR se redujo mucho, pero lo suficiente.

España jamás le agradecerá lo suficiente a Miguel Boyer por sus servicios.
Por cierto, se hizo una huelga general contra la reforma de 1985: en España muchos siempre apostan por la irresponsabilidad fiscal." JFV

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“Llevan desde los 90 diciendo que el sistema público de pensiones es insostenible… y todavía sigue funcionando”.


Conclusión errónea: el sistema sigue precisamente porque lleva 40 años reformándose y recortándose, no porque fuera sostenible de origen

https://x.com/SantiCalvo_Eco/status/2005180730012565578

Uno de los argumentos que circulan a menudo por X es que los economistas llevamos avisando desde 1985 del problema de las pensiones y que, al final, “no ha pasado nada”.


Pocos argumentos tan absurdos he visto en mi vida.

Los economistas llevamos diciendo desde 1985:
1️⃣ El sistema es insostenible.

2️⃣ Cuando un sistema es insostenible, o se reducen los pagos o se aportan recursos adicionales.

3️⃣ Pero esos recursos adicionales tienen un coste altísimo.

En España hemos tenido que hacer ambas cosas: reducir pagos y aportar recursos adicionales.
En términos de recortes, incluyo esta tabla de S.Carbo
https://x.com/SantiCalvo_Eco/status/2005180730012565578


que deja bien claro todo lo que ya no ha quedado más remedio que recortar. Y aun así, el sistema político ha decidido mantener un sistema que sigue siendo insostenible, inyectando 61.000 millones de euros anuales de recursos adicionales. Esos 61.000 millones se han llevado por delante el resto de servicios públicos y los ingresos de los jóvenes. Cuando no hay dinero para reducir las listas de espera hospitalarias en España, es porque tenemos un sistema de pensiones insostenible. Cuando no hay dinero para aumentar las becas de investigación, es porque tenemos un sistema de pensiones insostenible. Cuando no hay dinero para ampliar el parque de vivienda pública, es porque tenemos un sistema de pensiones insostenible. Cuando no hay dinero para protección civil, es porque tenemos un sistema de pensiones insostenible. Cuando no hay dinero para mantener los trenes de cercanías, es porque tenemos un sistema de pensiones insostenible. Cuando no hay dinero para reforzar el sistema eléctrico, es porque tenemos un sistema de pensiones insostenible.
Cuando no hay dinero para la descarbonización industrial, es porque tenemos un sistema de pensiones insostenible. Cuando no hay dinero para la adaptación climática, es porque tenemos un sistema de pensiones insostenible. Cuando no hay dinero para mejorar la financiación autonómica, es porque tenemos un sistema de pensiones insostenible. Cuando no hay dinero para reducir cotizaciones sociales a los trabajadores de menores ingresos (sobre todo jóvenes), es porque tenemos un sistema de pensiones insostenible. Cuando no hay dinero para reducir la deuda pública al ritmo necesario para nuestro futuro fiscal, es porque tenemos un sistema de pensiones insostenible.

Y que nadie me venga con la estupidez del “despilfarro”. El gasto de las AA.PP. en España es gasto social e intereses de la deuda. Todo lo demás es marginal. Esto fue exactamente lo que advertimos en 1986, 1996, 2006, 2016 y 2026. Teníamos razón entonces. Y la tenemos hoy.

Todo lo que los economistas advertimos hace 40 años se ha cumplido al 100 %. En estos momentos tenemos un déficit del sistema contributivo de unos 61.000 millones de euros, que se está cubriendo con impuestos y deuda pública. Estos recursos no se pueden emplear en educación (así están las universidades), en vivienda pública (así está el parque de viviendas públicas), en infraestructuras (así están los trenes o el sistema eléctrico) o en gastos generales de las administraciones públicas (así están todos los órganos administrativos, sin capacidad de actuación alguna por falta de recursos). Y los impuestos extra han supuesto que los salarios reales lleven 25 años estancados (el mapa de crecimiento salarial en España, en comparación con buena parte de Europa que incluyo en esta respuesta, es desolador): de 1994 a 2024, los salarios reales han crecido un 2,76% en España en valor real. Todo, pero absolutamente todo lo que se dijo que iba a pasar (estancamiento de salarios, falta de recursos de las administraciones, etc.) si no se ajustaban las pensiones, ha ocurrido. Los últimos 40 años han sido la victoria más absoluta, más rotunda y más clara de que la realidad, al final, se impone. La única pregunta restante es el origen de las máscaras ideológicas que llevan a algunos a negar la realidad objetiva, leer una entrada en el ABC de hace 40 años y no darse cuenta de que ya ha pasado lo que decían que iba a pasar: que las pensiones se iban a llevar todo por delante.


"La población residente en España ha crecido mucho y, por tanto, necesitas más empleados públicos, en especial en sanidad (donde se concentra buena parte del crecimiento), para darles servicio.
¿Se puede razionalizar el gasto y ahorrarse 20 o 30 mil millones? Sí. Pero es como discutir dejar de tomar café fuera de casa para desayunar cuando el problema son los 2.000 euros de la hipoteca de la casa en Marbella." Jesus Fernandez-Villaverde

¿A que ritmo debe de crecer la productividad laboral para que el actual sistema de pensiones sea sostenible? Como a un 4% anual. Ni ha ocurrido en los últimos 50 años ni ocurrirá nunca

nota el resultado clasico de Samuelson 1958
https://www.sas.upenn.edu/~jesusfv/lecture5_olg_topics.pdf

JFV:

Hoy quiero recordar a Miguel Boyer (1939–2014), quien tanto servicio prestó a España durante sus años como ministro de Economía, Hacienda y Comercio (1982–1985) y que hoy es tan poco reconocido. Buena parte de los problemas de la Seguridad Social en España tienen su origen último en el franquismo y, en particular, en la Ley de Bases de la Seguridad Social (1963): boe.es/buscar/doc.php y en su desarrollo legislativo posterior. Como en tantas otras áreas, la política económica de la dictadura firmó cheques contra el futuro (en este caso, crear una Seguridad Social con una TIR insostenible) para obtener apoyos (o al menos aquiescencias) en el corto plazo y dejar que fueran las generaciones futuras las que pagaran esos cheques. A mediados de los años ochenta del siglo pasado, la situación de la Seguridad Social era ya insostenible y, con un panorama demográfico que entonces empezaba a ser evidente, el problema solo podía agravarse. Miguel Boyer impulsó una profunda reforma, la Ley 26/1985, de 31 de julio, de medidas urgentes para la racionalización de la estructura y de la acción protectora de la Seguridad Social: boe.es/buscar/doc.php Seamos honestos: “racionalizar” aquí significaba “recortar”, y se recortó mucho. La reacción de UGT y CC.OO. fue furibunda, con Nicolás Redondo votando contra su propio partido en el Congreso de los Diputados y la huelga general del 20 de junio de 1985 convocada por CC.OO. ¿Se imagina alguien en qué situación nos habríamos encontrado pocos años después si los sindicatos hubieran conseguido paralizar la reforma? El veredicto de la historia es claro: Miguel Boyer tenía razón y los sindicatos estaban equivocados. Tristemente, la reforma de las pensiones fue el último paso que condujo a la salida de Miguel Boyer del gobierno, añorado casi por nadie. Muchos se quejan en España de que los políticos no acometen las reformas necesarias. Y no las acometen, en primer y fundamental lugar, porque la gran mayoría de los españoles está en contra de las reformas. Si en 1985 se hubiera celebrado un referéndum sobre la reforma de las pensiones, el “no” habría ganado de forma abrumadora. La gente habla de la corrupción, el despilfarro, el sistema electoral, las comunidades autónomas o lo que a cada uno se le ocurra porque es la excusa perfecta para obviar el elefante en la habitación: el culpable último de los problemas de España es el votante español, que odia a Miguel Boyer porque hizo lo que había que hacer.


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