El teorema de Bayes argumenta que ser racional no se trata de blanco o negro
El teorema de Bayes recibe su nombre del monje Thomas Bayes, del siglo XVIII, y esencialmente es una fórmula que pregunta: cuando se te presenta toda la evidencia de algo, ¿cuánto debes creerlo?
El teorema de Bayes nos enseña que nuestras creencias no son fijas; son probabilidades. Nuestras creencias cambian a medida que sopesamos nueva evidencia con nuestras suposiciones o premisas previas. En otras palabras, todos tenemos ciertas ideas sobre cómo funciona el mundo, y la nueva evidencia puede cuestionarlas. Por ejemplo, alguien podría creer que fumar es seguro, que el estrés causa úlceras orales o que la actividad humana no está relacionada con el cambio climático. Estas son sus premisas previas, sus puntos de partida. Pueden estar formadas por nuestra cultura, nuestros prejuicios o incluso por información incompleta. Ahora imagina que surge un nuevo estudio que cuestiona una de tus hipótesis previas. Un solo estudio podría no tener la suficiente fuerza para refutar tus creencias existentes. Pero a medida que se acumulan estudios, la balanza puede inclinarse. En algún momento, tu hipótesis previa se volverá cada vez menos plausible. El teorema de Bayes argumenta que ser racional no se trata de blanco o negro. Ni siquiera se trata de verdadero o falso. Se trata de lo más razonable según la mejor evidencia disponible. Pero para que esto funcione, necesitamos que se nos presenten la mayor cantidad posible de datos de alta calidad. Sin evidencia —sin datos que formen creencias—, solo nos quedan nuestras presunciones y sesgos. Y estos no son tan racionales.
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