El palo y la zanahoria de Trump ¿Sera otra vez como el primer mandato?
Trump esta repitiendo la misma estratégica de su primer mandato, estrategia que por una parte le da buenos resultados y por otra parte genera confusión, genera miedo y cierto caos.
Noviembre 2020 :Trump, la zanahoria en acción | Articulos.claves
https://articulosclaves.blogspot.com/2020/11/trump-la-zanahoria-en-accion-tiene-los.html
Aranceles : A favor / En contra
Donald Trump ha subrayado su reputación de agente del caos que utiliza amenazas extremas para arrancar concesiones a los demás.
Claudia Sheinbaum indica:
"Sostuvimos una buena conversación con el presidente Trump con mucho respeto a nuestra relación y la soberanía; llegamos a una serie de acuerdos:
1.México reforzará la frontera norte con 10 mil elementos de la Guardia Nacional de forma inmediata, para evitar el tráfico de drogas de México a Estados Unidos, en particular fentanilo. 2.Estados Unidos se compromete a trabajar para evitar el tráfico de armas de alto poder a México. 3.Nuestros equipos empezarán a trabajar hoy mismo en dos vertientes: seguridad y comercio. 4.Se ponen en pausa los aranceles por un mes a partir de ahora."
"Ambos presidentes supieron que una confrontación era ruinosa para sus gestiones. México porque EEUU es el destino de 82% de sus exportaciones. EEUU porque sabe del impacto inflacionario inmediato de los aranceles. Ambos salían dañados si no llegaban a un acuerdo
¿Qué querían lograr ambos? Eso es lo que marca si una negociación fue exitosa para uno de los lados o los dos. Trump un compromiso de Sheinbaum contra las migraciones y el narco. Sheinbaum evitar la imposición unilateral de aranceles ¿lo lograron? Si, de momento
De eso se trata negociar, la venta que haga cada uno de lo logrado dentro de su mercado político es un asunto diferente. Pero la situación que generó el problema sigue existiendo hasta que los datos indiquen lo contrario. Es muy importante diferenciar lo real de lo prometido"
Se estima que los cárteles cuestionan el dominio de entre el 30% y el 35% según Glen VanHerck, jefe del Comando Norte de Estados Unidos. Y cuentan con al menos 90.000 hombres armados y unos 175.000 colaboradores. En un mes no se resuelve ese problema. Ni en un año
Por el lado de Trump también había mucho que perder. Por empezar, el efecto de los aranceles que en cualquier escenario iba a trasladarse a la inflación porque la interconexión de su economía con la de su mayor socio externo es profunda y redituable para EEUU, por algo existe
Es la misma serie que con Colombia y Venezuela. De los insultos y las amenazas mutuas pasaron a acuerdos en los que todos obtienen lo que necesitan
Pero como bien dice Nacho ¿se resolverán los problemas migratorios y los problemas de narcos en un mes? esta claro que no
Una vez más, excelente Ganesh. Para tratar con Trump, ofrece un trato. Cualquier trato.
Siempre ha sido su estrategia, palo y zanahoria.
El palo y la zanahoria de Trump ¿Sera otra vez como el primer mandato?
Otro tema es que los medios de comunicación les guste alarmar en exceso, generaran miedo y no son responsables de ello. Trump con Canada y con Mexico sabe que no puede pasarse con los aranceles, es estrategia negociadora
Otro caso será contra China, que empezo con 10 en vez del 25 de Canada y Mexico....asi que veremos si sigue el enfoque de Krugman, tratamiento diferente con China, por motivos de peso
Trudeau: "The proposed tariffs will be put on hold for at least 30 days while we work together on this." Trudeau: "Las tarifas propuestas se suspenderán durante al menos 30 días mientras trabajamos juntos en esto."Mismo patrón que tantas veces vimos en Washington durante el primer mandato de Trump Lanza una amenaza Pánico en el mundo Medios no hablan de otra cosa Mientras Trump abre conversaciones y llega a un acuerdo temporal beneficioso con cartas para seguir negociando
Trump, la zanahoria en acción | Articulos.claves Noviembre 2020
How Trump’s tariff turbulence will cause economic pain
Mexico and Canada win a reprieve, but firms remain rattled
Donald Trump ha enfriado las cosas con Canadá y México.
Pero está jugando un juego peligroso
How Trump’s tariff turbulence will cause economic pain
Es un juego peligroso? o es su táctica de siempre?
Los buques de guerra de la Marina de EEUU pasarán gratis por el canal de Panamá.
Panama Bends to U.S. Pressure, Grants Free Navy Passage Through Canal
"Trump ha conseguido lo que quería: demostrar que no iba de farol, sacudir el árbol y recoger los frutos haciendo lo que más le gusta, negociar bilateralmente. Y de paso, lanzando un aviso a otros navegantes. Ahora toca China"S;P
Bukele acepta la deportación a su megacárcel de criminales a cambio de pago
-Brújula Ciencia-Economia-Sociedad: The persistence of trade policy in China after WTO accession
China acaba de imponer nuevo arancel de 15% al carbón, gas y petróleo EE.UU., en respuesta al 10% de aranceles impuesto por Trump.
Las pausas proporcionan un periodo de enfriamiento después de unos días tumultuosos que pusieron a Norteamérica al borde de una guerra comercial que podría haber aplastado el crecimiento económico, causado un aumento en los precios y terminado dos de las asociaciones más importantes de Estados Unidos.
https://apnews.com/article/trump-trudeau-canada-mexico-aranceles-e1f46273cde37ab5a61d02edb6b34d28
"Para sustituir a la administración pública actual, los aliados de Musk recurren a la tecnología. Los asociados del DOGE han estado introduciendo enormes cantidades de registros y bases de datos gubernamentales en herramientas de inteligencia artificial, buscando programas federales no deseados y tratando de determinar qué trabajo humano puede ser sustituido por IA, herramientas de aprendizaje automático o incluso robots.
Esa presión ha sido especialmente feroz en GSA (General Services Administration), donde el personal de DOGE está diciendo a los gerentes que planean automatizar la mayoría de los puestos de trabajo, según una persona familiarizada con la situación
Esta claro genera desconfianza, y además una sobre atención de los medios de comunicación tan excesiva que acaba generando miedo. Esta bien estudiado a quien beneficia la generación de miedo. Los periodistas deberían evitar generar miedo, argumentando con evidencias cuando sus medidas son inviables, estudiando que dice la ciencia económica al respecto (https://brujulaeconomica.blogspot.com/.../geopolitica-y...) Además sabiendo que hay medidas que la justicia de su país no dejara que avancen (además de saturar a la justicia de su pais) Así que mejor que los periodistas eviten titulares que generan miedo. Tema del mes : Aranceles Los aranceles que cada país tiene frente a terceros no son arbitrarios, sino el resultado de décadas de negociaciones en el GATT y en la OMCLa reciprocidad OMC funciona de la siguiente manera: si yo ofrezco bajar los aranceles a un producto, debo extender la oferta a todo el mundo (principio de nación más favorecida), y el resto del mundo debe ofrecer una rebaja equivalente (no necesariamente en el mismo producto)Como consecuencia, hay aranceles más altos y más bajos, pero que siempre suponen un nivel de apertura equivalenteSi los aranceles UE aplicables a los automóviles EEUU son mayores que al contrario, es que en su día la UE ofreció una rebaja en otro sector que suponía la misma concesión (por cierto, no hay un arancel UE "para EEUU", sino para países sin acuerdo preferencial, como EEUU) Las excepciones son por acuerdos preferenciales regionales (UE, USMCA, Mercosur... bien regulados en la OMC), o porque los países en desarrollo no están obligados a bajar aranceles en la misma proporción En resumen, imponer aranceles equivalentes implicará un desequilibrio en el grado de protección respecto a lo acordado en los últimos 80 años Considerar el IVA como un arancel es ridículo: el IVA se aplica a todos los bienes, no solo a las importaciones. No supone una discriminación de bienes respecto a su origen, como un arancel Cuando se exporta, se deducen los impuestos indirectos del país de origen, y al importar se incluyen los del país de destino para que los bienes importados estén sujetos al mismo impuesto que los bienes domésticos "En resumen: lo importante para evaluar el grado de protección de país nunca ha sido el arancel de una partida determinada, sino la estructura arancelaria completa. Una equiparación partida a partida rompe esa idea y genera profundos desequilibrios "E.Feas
Genera miedo.....
La declaración de Robert De Niro sobre Donald :Cuando lo miro, no veo a un hombre malo. De verdad.Veo a un malvado.A lo largo de los años, he conocido a gánsteres aquí y allá. Este tipo intenta ser uno, pero no lo logra. Existe algo llamado “honor entre ladrones”.Sí, incluso los criminales suelen tener un sentido del bien y del mal. Si hacen lo correcto o no es otra historia, pero tienen un código moral, por muy retorcido que sea.Donald Trump no lo tiene. Es un tipo duro en potencia sin moral ni ética. Sin sentido del bien y del mal. No tiene ningún respeto por nadie más que por sí mismo, ni por las personas a las que se supone que debe dirigir y proteger, ni por las personas con las que hace negocios, ni por las personas que lo siguen, ciega y lealmente, ni siquiera por las personas que se consideran sus “amigos”.Siente desprecio por todos ellos.Los neoyorquinos lo conocimos a lo largo de los años, porque envenenó la atmósfera y llenó nuestra ciudad de monumentos a su ego. Sabíamos de primera mano que era alguien a quien nunca se debería considerar para un puesto de liderazgo.Intentamos advertir al mundo en 2016.Las repercusiones de su turbulenta presidencia dividieron a Estados Unidos y sacudieron a la ciudad de Nueva York más allá de lo imaginable. Recuerden cómo nos sacudió la crisis a principios de 2020, cuando un virus arrasó el mundo. Vivimos con el comportamiento grandilocuente de Donald Trump todos los días en el escenario nacional y sufrimos al ver a nuestros vecinos amontonarse en bolsas para cadáveres.El hombre que se suponía que debía proteger a este país lo puso en peligro debido a su imprudencia e impulsividad. Fue como si un padre abusivo gobernara a la familia mediante el miedo y la violencia. Esa fue la consecuencia de que se ignorara la advertencia de Nueva York. La próxima vez, sabemos que será peor.No nos equivoquemos: Donald Trump, que ha sido sometido a juicio político en dos ocasiones y ha sido procesado en cuatro ocasiones, sigue siendo un tonto. Pero no podemos permitir que nuestros compatriotas estadounidenses lo descarten como tal. El mal prospera a la sombra de la burla desdeñosa, por lo que debemos tomar muy en serio el peligro que representa Donald Trump.Así que hoy lanzamos otra advertencia. Desde este lugar donde Abraham Lincoln habló, aquí mismo, en el corazón palpitante de Nueva York, al resto de Estados Unidos:Esta es nuestra última oportunidad.La democracia no sobrevivirá al regreso de un dictador en potencia.Y no vencerá al mal si estamos divididos.¿Qué hacemos entonces al respecto? Sé que estoy predicando a los ya convencidos. Lo que estamos haciendo hoy es valioso, pero tenemos que llevar el presente al futuro, llevarlo fuera de estos muros.Tenemos que acercarnos a la mitad de nuestro país que ha ignorado los peligros de Trump y, por la razón que sea, apoya su ascenso de nuevo a la Casa Blanca. No son estúpidos y no debemos condenarlos por tomar una decisión estúpida. Nuestro futuro no depende sólo de nosotros. Depende de ellos.Acerquémonos a los seguidores de Trump con respeto.No hablemos de “democracia”. La “democracia” puede ser nuestro santo grial, pero para otros es sólo una palabra, un concepto, y en su aceptación de Trump, ya le han dado la espalda.Hablemos de lo correcto y lo incorrecto. Hablemos de humanidad.Hablemos de amabilidad. Seguridad para nuestro mundo. Seguridad para nuestras familias. Decencia.Dejémosles volver a recibirlos.No los conseguiremos a todos, pero podemos conseguir suficientes para poner fin a la pesadilla de Trump y cumplir la misión de esta “Cumbre para detener a Trump”.* Esta declaración segun una fuente se dió en 2024, antes de las elecciones en un contexto de advertencia y movilización para evitar que Donald Trump regresara a la Casa Blanca
¿tendra razón Robert De Niro? A dia de hoy no lo tengo claro
La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, anuncia el mayor recorte fiscal para la clase media en la historia en EEUU.
-Exentas de impuestos las propinas,
-Exento de impuestos el seguro social de jubilados
-Exentas de impuestos las horas extra,
-Eliminación de privilegios para multimillonarios Sí, los Estados Unidos son ahora el enemigo de Europa Hace unas semanas, advertí que la segunda administración de Trump podría estar malgastando la tolerancia y la buena voluntad que Washington había recibido desde hacía mucho tiempo de las principales democracias del mundo. En lugar de ver a los Estados Unidos como una fuerza principalmente positiva en los asuntos mundiales, estos estados podrían ahora "tener que preocuparse de que los Estados Unidos son activamente malévolos". Esa columna fue escrita antes de que el vicepresidente J.D. Vance diera su discurso de confrontación en la Conferencia de Seguridad de Munich, antes de que el presidente Donald Trump culpara a Ucrania por iniciar la guerra con Rusia, y antes de que los funcionarios de EE. UU., parecieran ofrecer a Rusia casi todo lo que quiere de forma preventiva, incluso antes de que las negociaciones sobre Ucrania estuvieran en marcha. La reacción de los principales observadores europeos fue cuidadosamente resumida por Gideon Rachman en el Financial Times: "[T]he las ambiciones políticas de la administración Trump para Europa significan que, por ahora, Estados Unidos también es un adversario"
Is this
view correct? A skeptic might recall that there have been serious rifts
in the transatlantic partnership on many prior occasions: over Suez in
1956, over nuclear strategy and Vietnam in the 1960s, over the
Euromissiles issue in the 1980s, and during the Kosovo war in 1999. The
Iraq war in 2003 was yet another low-water mark between Washington and
much of Europe. The United States did not hesitate to act unilaterally
on numerous occasions, even when its allies’ interests were adversely
affected, as Richard Nixon did when he took the United States off the
gold standard in 1971 or as Joe Biden did when he signed the
protectionist Inflation Reduction Act and the United States forced
European firms to stop some high-tech exports to China. But few
Europeans or Canadians believed the United States was deliberately
trying to harm them; they believed that Washington was genuinely
committed to their security and understood that its own security and
prosperity was tied to their own. They were right, which made it much
easier for the United States to win their support when necessary.
For most European leaders—and certainly for those in attendance at
Munich last week—the situation feels very different today. For the first
time since 1949, they have valid reasons to believe that the president
of the United States is not just indifferent to NATO and dismissive of
Europe’s leaders, but actively hostile to most European countries.
Instead of thinking of the nations of Europe as America’s most important
partners, Trump appears to have switched sides and sees President
Vladimir Putin’s Russia as a better long-term bet. Speculation about
Trump’s affinity with Putin has been swirling for years; those
sympathies now appear to be guiding U.S. policy.
I know what you’re thinking: Isn’t Trump just doing what realists
like you have been suggesting? Haven’t you been saying that Ukraine has
no plausible path to regaining its lost territory and that prolonging
the war is just prolonging suffering to no good purpose? Didn’t you also
argue that basing a European security order on open-ended NATO
expansion was a dangerous pipe dream? Instead of pushing Russia and
China closer together, doesn’t it make good strategic sense to drive a
wedge between them and fashion a European order that reduces Moscow’s
incentives to cause trouble? Indeed, wouldn’t a better relationship with
Russia make Europe safer in the long run? And if disrupting the
comfortable transatlantic consensus convinces the nations of Europe to
get their act together and rebuild some real defense capability, then
the United States won’t have to keep protecting them and can focus more
effort on China. In this view, Trump isn’t Europe’s enemy; he’s just
dispensing some tough love to a complacent continent and following good
realist logic.
If only that were true. In fact, Trump, Vance, Secretary of Defense
Pete Hegseth, and other administration officials have gone well beyond
the long-standing disputes about burden-sharing, the need for a more
sensible division of labor within the alliance, or the long-overdue
reassessment about how to handle the war in Ukraine and relations with
Russia. Their aim is to fundamentally transform relations with
long-standing U.S. allies, rewrite the global rulebook, and, if
possible, remake Europe along MAGA lines. That agenda is openly hostile
to the existing European order.
First, Trump’s repeated threats to impose costly tariffs on close
allies either to coerce concessions on other issues or solely because
they are running trade surpluses with the United States is hardly an act
of friendship. Serious trade disputes have occurred in the past, of
course, and prior U.S. presidents have sometimes played hardball with
our allies on these issues. But they have not done so capriciously or
used transparently dubious “national security” rationales to justify
them. They have also recognized that inflicting deliberate economic harm
on one’s allies makes it harder, not easier, for them to contribute to
the common defense. Past administrations have also stuck to the deals
they negotiated, a concept that seems utterly alien to Trump.
Second, not only has Trump made it clear that he thinks great powers
can and should take things they want, but he has made no secret of the
fact that he covets some of our allies’ possessions. No wonder Trump is
not troubled if Russia ends up with 20 percent of Ukraine, given that he
wants all of Greenland; may reoccupy the Panama Canal Zone; thinks
Canada should give up its independence and become the 51st state; and
raves about taking over the Gaza Strip, expelling its population, and
then building some hotels. Some of these musings might seem utterly
fanciful, but the worldview they reveal is something no foreign leader
can afford to ignore.
Third, and most important, Trump, Elon Musk, Vance, and the rest of
the MAGA team are openly backing illiberal forces in Europe. In effect,
they are trying to impose a far-reaching regime change throughout
Europe, albeit without using military force. The signs are unmistakable:
Hungary’s Viktor Orban is a welcome guest at Mar-a-Lago. Vance met with
Alice Weidel, co-chair of the far-right Alternative for Germany party,
while he was in Munich, but not
with German Chancellor Olaf Scholz, and his declaration that the main
challenge to Europe was “the threat from within” was an unveiled attack
on the continent’s political order. (It was beyond ironic for Vance to
criticize Europeans for anti-democratic behavior, given his refusal to admit that Trump lost the 2020 election or to condemn the Jan. 6 insurrectionists. But I digress.) Not to be outdone, Musk has been spewing his own false and hateful accusations at various European leaders, defending far-right criminals like Tommy Robinson, and interviewing Weidel and expressing his own support for her party.
Despite a few differences on certain issues, the MAGA movement and most far-right parties in Europe generally oppose
almost all forms of immigration; are skeptical to hostile toward the
European Union; see elites, media, and higher education as the enemy;
want to reimpose traditional religious values and gender norms; and
believe citizenship should be defined by shared ethnicity or ancestry
and not by shared civic values or one’s birthplace. Like their fascist
predecessors, they are comfortable with and adept at using the norms and
institutions of democracy to subvert democratic rule and strengthen
executive power. Sound familiar?
Rachman’s assessment that the United States is now an adversary of
Europe is only partly correct, therefore, because Trump and his minions
support European far-right nationalist movements that share their basic
worldview. They are hostile to a vision of Europe as a model of
democratic governance, social welfare, openness, the rule of law,
political, social, and religious tolerance, and transnational
cooperation. One might even say that they would like America and Europe
to have similar values; the problem is that the values they have in mind
are incompatible with genuine democracy.
Trump and co. think treating Europe as an enemy risks little, because
they believe Europe is a declining region and incapable of getting its
act together. Undermining efforts to strengthen European unity by
backing the far right also makes it easier for Washington to play
divide-and-rule. On the other hand, openly bullying other countries
tends to encourage national unity and a greater willingness to resist
(as we are now seeing in Canada), and the chaos Trump and Musk have been
unleashing here in the United States may make Europeans wary of trying
similar experiments at home.
It is also worth remembering that the initial push
for European economic integration occurred in the 1950s, when European
leaders believed the United States was going to withdraw its forces from
the continent in the not-too-distant future and turn responsibility for
European security back over to these states. Integrating key industries
such as coal and steel was thus a first step to building sufficient
economic and political unity to enable these states to stand up to the
Soviet Union without direct U.S. assistance. The United States
ultimately decided to keep its forces on the continent and the European
Economic Community (and later EU) took on more openly economic and
political objectives, but the early history reminds us that the prospect
of having to go it alone was once a powerful driving force behind
greater European cooperation.
Finally, if America is now an adversary, Europe’s leaders should stop
asking themselves what they need to do to keep Uncle Sam happy and
start asking what they must do to protect themselves. If I were them,
I’d start by inviting more trade delegations from China and start
developing alternatives to the SWIFT system of international financial
payments. European universities should increase collaborative research
efforts with Chinese institutions, a step that will become even more
attractive if Trump and Musk continue to damage academic institutions in
the United States. End Europe’s dependence on U.S. weapons by
rebuilding Europe’s own defense industrial base. Send EU High
Representative for Foreign Affairs Kaja Kallas to the next BRICS summit
and consider applying for membership. And so forth.
Because all of these steps would be costly for Europe and harmful for
the United States, I don’t want to see any of them actually happen. But
Europe may be given little choice. Although I’ve long thought the
transatlantic relationship was past its high-water mark and that a new division of labor
was needed, the goal should have sought to preserve a high level of
transatlantic amity rather than encourage open hostility. If Trump’s
diplomatic revolution turns 450 million Europeans from being some of
America’s staunchest allies into bitter and resentful adversaries
increasingly looking for ways to hinder the United States, we will have
only ourselves—or, more precisely, the current president—to blame.
Stephen M. Walt is a columnist at Foreign Policy and the Robert and Renée Belfer professor of international relations at Harvard University.
Este artículo, publicado originalmente en Foreign Policy, se reproduce al amparo de lo establecido en la legislación nacional e internacional (ver cobertura legal).
Nota informativa: Foreign Policy
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temas globales. Fue fundada en 1970. Tiene implementado un «muro de
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El dólar boicotea los planes de Trump
La subida del dólar neutraliza los aranceles de Trump: si la divisa se aprecia, comprar en el extranjero será más barato. Esto compromete su política comercial hacia China y sus planes para abordar la inflación
Con el anuncio de los primeros aranceles, Donald
Trump desató la guerra comercial que el resto del mundo estaba temiendo.
Sin embargo, la subida del dólar neutraliza los aranceles: si la divisa
se aprecia, comprar en el extranjero será más barato. Esto compromete
su política comercial hacia China y sus planes para abordar la
inflación.
China no ha corrido la misma suerte que Canadá y México,
que tras extrañas negociaciones, consiguieron retrasar un mes la entrada
en funcionamiento de las nuevas tarifas. Para Pekín, los aranceles del
10% a la importación entraron en vigor el 5 de febrero y la
contraofensiva arancelaria de China empezará a funcionar este 10 de
febrero.
El nuevo presidente de EEUU ya había
advertido de su intención de poner en marcha duros aranceles contra
rivales y aliados. De hecho, las medidas adoptadas hasta la fecha son
mucho más leves de lo que llegó a afirmar durante la campaña electoral.
Por ejemplo, en el caso de China, prometió que establecería aranceles de
hasta el 100% a algunos productos para acabar con el déficit comercial.
Sin embargo, la noticia de los aranceles
cayó como una losa. Para empezar, el dólar aceleró su escalada de las
semanas anteriores. El motivo es que esta política obligará a la Reserva
Federal a mantener los tipos de interés altos por más tiempo. El
primero, que los aranceles generan inflación al encarecer los productos
importados. El segundo, que la inversión interna para sustituir las
exportaciones recalentará la economía doméstica. Ante esta coyuntura,
los inversores optaron por refugiarse en el dólar y aprovechar los tipos
de interés más altos y la subida de la divisa.
Pero, en términos de política comercial,
si la divisa se aprecia, comprar en el extranjero será más barato, lo
que reduce el impacto de los aranceles. El tipo de cambio se ajusta así a
un nuevo escenario de menor déficit exterior estadounidense y un coste
de las importaciones relativamente más alto. Los aranceles cambian los
equilibrios del mercado, pero éste también se ajusta al impacto de las
políticas públicas.
https://www.politicaexterior.com/articulo-completo/el-dolar-boicotea-los-planes-de-trump-354957/
Toda la economía mundial esta interrelacionada, interrelacionada por gobiernos, por grandes empresas de diferentes países, por el comercio intraindustrial e interindustrial, por los inversionistas, asi que toda acción en contra puede ser un boomerang, por tanto al final deberán llegar a acuerdos "No me cabe en la cabeza que Trump llame dictador a Zelensky y no a Putin. ¡Estaba tan contento con muchas de sus políticas! Por qué perder tanta credibilidad por este asunto cuando es tan obvio para todos que el dictador invasor es Putin? La mayoría de mis amigos que votaron a Trump están horrorizados. Sí, la guerra tiene que terminar, pero ¿a qué precio? está tan claro que lo que Putin quiere no es la paz sino el fin de la soberanía ucraniana que ¿qué le hace creer a Trump que puede obtener un resultado diferente rebajando a Zelensky? Trump también está perjudicando a la derecha europea de esta manera porque muchos asociarán ser de derechas con ceder el poder al reconstructor soviético" Martin V. Hay que ser humilde no hay ningún analista que estudie a Trump que sepa cual es su estrategia geopolitica y geoconomia en la actualidad, solo se puede afirmar que si sigue con la estrategia del anterior mandato, sera palo y zanahoria, sera anunciar medidas y después rectificar.
Ya son 7 los senadores republicanos que rechazan la postura pro Putin de Trump o su opinión sobre Zelensky. No es un número menor porque condiciona la mayoría de 53 sobre 100 y Trump necesita traducir su alianza con Rusia con modificaciones y leyes que deben pasar por el Senado Mensaje del representante republicano , Brian Fitzpatrick, en respuesta a las declaraciones de Trump sobre Ucrania : “El presidente Zelensky y todos los negociadores deben saber esto: hay un número determinante de resultados de miembros del Congreso de los Estados Unidos, de ambos partidos y en ambas cámaras, que están listos, dispuestos y son capaces de hacer lo que sea necesario para evitar que el dictador Vladimir Putin sea recompensado por su invasión ilegal, violación, secuestro, tortura y asesinato del pueblo ucraniano.” Los acontecimientos
del pasado fin de semana han dejado en muchos observadores la sensación
de estar viendo el drama de la Historia desarrollarse ante sus ojos. El
contenido de los discursos
pronunciados por el Secretario de Defensa, Pete Hegseth, y el
vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, en el cuartel general de
la OTAN, en Bruselas, y en la Conferencia de Seguridad de Múnich,
respectivamente, eran esperados y esperables en su fondo, pero han sido
demoledores en la forma: una reprimenda sin paliativos a sus socios y
aliados europeos.
Las consecuencias prácticas de ambos discursos están aún por verse
del todo, y pueden llegar a cambiar el curso de la historia.
Cualesquiera que sean, es innegable a estas alturas que el vínculo
transatlántico ha sufrido un daño considerable.
Estados Unidos parece que ya no está dispuesto a cubrir incondicionalmente las espaldas
de Europa, y que la garantía de seguridad que extiende al continente
desde 1945 dependerá ahora de que los aliados satisfagan los
requerimientos impuestos desde Washington; una relación asimétrica en la
que todo tiene un precio.
¿Decadentes e inoperantes?
El tenor de ambos discursos manifiesta con toda crudeza el poco
respeto que EE. UU. dispensa a sus socios europeos, a quienes considera
decadentes e inoperantes; la visión netamente realista y transaccional
que Donald Trump tiene sobre las relaciones exteriores, obviando que la
presencia estadounidense en Europa responde, ante todo, a la necesidad
de satisfacer sus intereses geoestratégicos; y las tristes realidades de
la indefensión europea ante las amenazas que sobre ella se ciernen, y
de que, si no reacciona, está condenada a la irrelevancia, si es que no
está ya plenamente instalada en ella.
La reunión de países europeos
organizada apresuradamente en París, con su liturgia de quejas de los
no convocados y de diferencias sobre el papel europeo en esta grave
circunstancia, no hace sino hurgar en la herida.
Un enano militar
No faltará quien considere que Europa cosecha hoy lo que ha sembrado a
lo largo de varias décadas ignorando las demandas de una defensa digna
de tal nombre. Europa optó por convertirse en un enano militar y,
consecuentemente, el presidente Trump ha decidido ahora, porque puede
hacerlo, dirimir el futuro de Ucrania bilateralmente con Rusia y sin
tener en cuenta ni a Ucrania ni al continente.
Tal visión no está exenta de mérito, pero es injusta en este caso
concreto porque, con todas las limitaciones que se quiera, la asistencia
financiera y material europea a Ucrania no ha sido menor,
y porque el continente ha debido hacer un importante esfuerzo –del que
Estados Unidos se ha beneficiado– para reducir su dependencia de los
recursos energéticos rusos.
Además, la cuestión que se dirime le afecta directamente, toda vez
que convive con Rusia en Eurasia sin poder beneficiarse del foso
protector del Atlántico.
Negociaciones sobre Ucrania pero sin Ucrania
Las negociaciones
no han hecho sino comenzar y sus contornos son aún imprecisos. La idea
de desplegar en Ucrania una fuerza multinacional europea para mantener
la paz parece abrirse paso como una de las demandas que Trump podría
hacer a sus socios.
Si, finalmente, Rusia aceptara tal despliegue, probablemente los
europeos aceptarían la decisión para no indisponer más a Estados Unidos.
Hacerlo, sin embargo, requiere aclarar antes aspectos cruciales como el
de la necesidad de contar con una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU,
donde, no se olvide, Gran Bretaña y Francia tienen derecho de veto; o
los de la misión específica que deberán cumplir las fuerzas, las
condiciones para el uso de la fuerza o la situación final deseada para
proceder al redespliegue.
La fuerza, además, debería contar con un sistema robusto de mando y
control, y de capacitadores esenciales como comunicaciones, inteligencia
o defensa aérea. Finalmente, tendría que disponer de una reserva
potente, y del respaldo creíble de otros medios para disuadir a Rusia de
atacar u hostigar a las fuerzas desplegadas en Ucrania. Todo ello, hoy
por hoy, hace imprescindible una contribución norteamericana mínima.
Prepararse para el peor de los escenarios
Aceptar el despliegue sin una respuesta satisfactoria a estas
cuestiones entraña aceptar importantes riesgos: ¿qué pasa si, por
ejemplo, un miembro de la OTAN es atacado por Rusia?
La de participar es una decisión soberana de cada uno de los países
europeos afectados quienes, en aras de su propia seguridad, no deberían
cejar en su demanda de tener una voz en la toma de decisiones que tan
gravemente les afectan.
La llegada de Trump ha abierto un paréntesis que puede cerrarse,
retornando a la normalidad, cuando concluya su mandato. Europa debe
prepararse, no obstante, para el peor de los escenarios; considerar que
las relaciones transatlánticas ya nunca volverán a ser como antes; y
hacer, de la necesidad, virtud, avanzando en la dirección de lograr una
auténtica autonomía estratégica de la mano de la OTAN que, a pesar de
los pesares, sigue siendo vital para la seguridad continental.
Salvador Sánchez Tapia, Profesor de Análisis de Conflictos y Seguridad Internacional, Universidad de Navarra.
Este artículo, publicado originalmente en The Conversation, se reproduce al amparo de lo establecido en la legislación nacional e internacional (ver cobertura legal).
Nota informativa: The Conversation
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"Lo que le molesta a Trump no es la debilidad de Europa, sino su grandeza, su ecologismo, la defensa de su belleza, el poder seductor de su modelo económico y cultural", por Héctor Abad Faciolince- https://elpais.com/opinion/2025-02-20/la-discreta-grandeza-de-europa.html?ssm=TW_CM&utm_source=tw&utm_medium=social
Trump en clave imperial
Jesus A.Nuñez Villaverde
No es, desde luego, el único. Ahí está desde hace tiempo Vladímir Putin
empeñado en garantizarse una zona de influencia propia en sus
vecindades europea y asiática, mientras que Xi Jinping no deja duda
alguna sobre su pretensión de absorber Taiwán y ampliar su dominio en
los mares del sur y del este de China. Y hasta Turquía sueña a lo grande e Israel sigue ganando terreno soberano de otras naciones manu militari.
En todo caso, lo chocante con Donald Trump es que sus recientes
pretensiones imperialistas respecto a Canadá, Panamá y Groenlandia
rompen por completo su pretendida imagen de no belicista y su supuesto
perfil aislacionista.
Trump y su estrambótico compañero de viaje, Elon Musk, parecen
pretender remodelar el mundo a su imagen y semejanza. Eso supone, en
primer lugar, terminar el derribo del orden internacional vigente, tanto
en lo que afecta a instituciones que directamente no respetan –como las
Naciones Unidas– o que ya no les resultan útiles –como la Organización
del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)–, al tiempo que se sienten libres
para saltarse los compromisos internacionales heredados- como el
Acuerdo de París –y para hacer caso omiso de las reglas fundamentales
que regulan las relaciones internacionales– incluso aunque se trate de
aliados. Así se entiende, por ejemplo, que no descarte el uso de la fuerza militar
para lograr el control de Groenlandia y del canal de Panamá o que
muestre un desprecio tan visible contra el primer ministro canadiense.
“Cuando un personaje como Trump habla de que el control de estos
territorios es de ‘vital’ importancia para la seguridad nacional
estadounidense, es inevitable rememorar la referencia al ‘Lebensraum’ germánico del que Adolf Hitler echó mano en su momento”.
No parecen ser, contra lo que pudiera parecer a primera vista,
ocurrencias o desvaríos de actores noveles en el escenario
internacional, sino meditadas posturas de quienes van a liderar la
principal potencia militar, económica, cultural, tecnológica y
energética del planeta. Eso hace que dispongan de muchos y muy potentes
instrumentos para hacer realidad sus sueños, inspirados por un agresivo y
ultranacionalista enfoque transaccional que buscaría no sólo intentar
revertir el declive del liderazgo estadounidense, sino tomar ventaja en
la competencia entre potencias globales que ya quedó reflejada en la
Estrategia de Seguridad Nacional que el propio Trump suscribió en
diciembre de 2017.
Cuando un personaje como Trump habla de que el control de estos
territorios es de “vital” importancia para la seguridad nacional
estadounidense, es inevitable rememorar la referencia al “Lebensraum”
germánico del que Adolf Hitler echó mano en su momento; sobre todo si
se recuerda que el propio Trump manifestó que se sentía tentado de ser
“dictador”, al menos por un día, y de contar con los generales que aquel
había tenido. Lo que parece transmitir ese planteamiento es un claro
deseo de consolidar un área propia fundamentada en una asociación
asimétrica en la que Estados Unidos (EEUU) sería el único que gozaría de
soberanía real, subordinando el resto de vecinos y aliados a su dictado
(algo similar a lo que tenía en mente Leónidas Brézhnev en 1968 cuando
hablaba de la “soberanía limitada” del resto de miembros del Pacto de
Varsovia).
Visto desde la Unión Europea (UE) esa perspectiva anuncia problemas.
Por un lado, porque podemos vislumbrar que, con todo su poderío
económico y tecnológico, buscará dividir y debilitar a los Veintisiete
potenciando las relaciones bilaterales con cada uno de ellos en
detrimento de Bruselas. En la medida en que no pueda subordinar al
conjunto de la Unión a sus planes, tratará de alimentar la fragmentación
que ya existe, cortejando a unos (con Viktor Orbán y Giorgia Meloni a
la cabeza), mientras castiga a otros; todo ello con la intención de
contribuir al descrédito de un proyecto de unión política que representa
lo contrario de lo que el magnate propugna. Por otro, más allá de que
su propia figura servirá de ejemplo a seguir por parte de actores
euroescépticos y antieuropeístas, empeñados en dinamitar la Unión desde
dentro, podría encargarse de apoyarlos financieramente para que puedan
tener mayor capacidad para promover el mismo ultranacionalismo
antidemocrático que define al próximo inquilino de la Casa Blanca.
En esa misma línea cabe temer que su implicación directa en la
resolución del conflicto en Ucrania, aprovechando que EEUU es el
principal contribuyente económico y militar de Kyiv, termine por forzar
un acuerdo que deje el país dividido y la UE más expuesta al ardor
militarista de Moscú.
Que, contraviniendo la tradicional costumbre de no contar con
mandatarios extranjeros en la toma de posesión, Trump haya cursado
invitaciones al presidente chino (que la ha rehusado), a Benjamín
Netanyahu (que previsiblemente tampoco asistirá), a Nayib Bukele
(presidente de El Salvador), a Daniel Noboa (presidente de Ecuador), a
Javier Milei (presidente de Argentina), a Giorgia Meloni (primera
ministra de Italia), a Jair Bolsonaro (expresidente de Brasil), a Salomé
Zurabichvili (expresidenta de Georgia), a Nigel Farage (diputado
británico y líder del partido Reform UK), a Eric Zémmour (líder del
partido francés ultraderechista Reconquista) y a Santiago Abascal (líder
del partido ultraderechista Vox), da una idea de sus simpatías y sus
intenciones.
https://www.realinstitutoelcano.org/comentarios/trump-en-clave-imperial/ Tras la reunión con Rusia, el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, intentó calmar a los aliados europeos, asegurando que Washington no actuará a sus espaldas.
Según The New York Times, Rubio aclaró que: Ucrania y Europa no fueron excluidas de las conversaciones, que se centraron en temas bilaterales, como la reapertura de embajadas. No habrá levantamiento de sanciones sin cambios en la postura rusa, aunque podrían suavizarse con concesiones. La administración Trump es consciente del riesgo de manipulación rusa y no impondrá condiciones unilaterales a Kyiv y Europa. Aún no está claro cuán seria es Moscú sobre un acuerdo, pero ha dado señales suficientes para seguir negociando. EE.UU. mantendrá informados a sus aliados y pide unidad. Un mensaje para calmar tensiones… ¿pero cuán confiables son estas garantías? Para constrarestar el bocazas de Trump y su amigo Musk, EEUU necesitara "tres mienistros de asuntos exteriores" como minimo En el gobierno de EE.UU. hay dos frentes, unos intentan hacer diplomacia, mientras otros incendian todo a base de tweets.
El problema es que los primeros no logran apagar el fuego que prenden los segundos... https://www.nytimes.com/2025/02/20/us/politics/rubio-russia-europe.html La incertidumbre mundial con las políticas de Trump: letal para todos. También para Estados Unidos
Dudo de que quienes asesoran al presidente no sepan de economia, bien sabemos que en historia economica y pensamiento economico hay suficiente información de que politica funciona y cual no funciona. Trump a corto plazo le importa poco, el tiene su estrategia de palo y zanahoria Es una aplicación "populista" de la teoria de juegos, de un empresario de éxito actuando en plan tiburón?
Is this view correct? A skeptic might recall that there have been serious rifts in the transatlantic partnership on many prior occasions: over Suez in 1956, over nuclear strategy and Vietnam in the 1960s, over the Euromissiles issue in the 1980s, and during the Kosovo war in 1999. The Iraq war in 2003 was yet another low-water mark between Washington and much of Europe. The United States did not hesitate to act unilaterally on numerous occasions, even when its allies’ interests were adversely affected, as Richard Nixon did when he took the United States off the gold standard in 1971 or as Joe Biden did when he signed the protectionist Inflation Reduction Act and the United States forced European firms to stop some high-tech exports to China. But few Europeans or Canadians believed the United States was deliberately trying to harm them; they believed that Washington was genuinely committed to their security and understood that its own security and prosperity was tied to their own. They were right, which made it much easier for the United States to win their support when necessary.
For most European leaders—and certainly for those in attendance at Munich last week—the situation feels very different today. For the first time since 1949, they have valid reasons to believe that the president of the United States is not just indifferent to NATO and dismissive of Europe’s leaders, but actively hostile to most European countries. Instead of thinking of the nations of Europe as America’s most important partners, Trump appears to have switched sides and sees President Vladimir Putin’s Russia as a better long-term bet. Speculation about Trump’s affinity with Putin has been swirling for years; those sympathies now appear to be guiding U.S. policy.
I know what you’re thinking: Isn’t Trump just doing what realists like you have been suggesting? Haven’t you been saying that Ukraine has no plausible path to regaining its lost territory and that prolonging the war is just prolonging suffering to no good purpose? Didn’t you also argue that basing a European security order on open-ended NATO expansion was a dangerous pipe dream? Instead of pushing Russia and China closer together, doesn’t it make good strategic sense to drive a wedge between them and fashion a European order that reduces Moscow’s incentives to cause trouble? Indeed, wouldn’t a better relationship with Russia make Europe safer in the long run? And if disrupting the comfortable transatlantic consensus convinces the nations of Europe to get their act together and rebuild some real defense capability, then the United States won’t have to keep protecting them and can focus more effort on China. In this view, Trump isn’t Europe’s enemy; he’s just dispensing some tough love to a complacent continent and following good realist logic.
If only that were true. In fact, Trump, Vance, Secretary of Defense Pete Hegseth, and other administration officials have gone well beyond the long-standing disputes about burden-sharing, the need for a more sensible division of labor within the alliance, or the long-overdue reassessment about how to handle the war in Ukraine and relations with Russia. Their aim is to fundamentally transform relations with long-standing U.S. allies, rewrite the global rulebook, and, if possible, remake Europe along MAGA lines. That agenda is openly hostile to the existing European order.
First, Trump’s repeated threats to impose costly tariffs on close allies either to coerce concessions on other issues or solely because they are running trade surpluses with the United States is hardly an act of friendship. Serious trade disputes have occurred in the past, of course, and prior U.S. presidents have sometimes played hardball with our allies on these issues. But they have not done so capriciously or used transparently dubious “national security” rationales to justify them. They have also recognized that inflicting deliberate economic harm on one’s allies makes it harder, not easier, for them to contribute to the common defense. Past administrations have also stuck to the deals they negotiated, a concept that seems utterly alien to Trump.
Second, not only has Trump made it clear that he thinks great powers can and should take things they want, but he has made no secret of the fact that he covets some of our allies’ possessions. No wonder Trump is not troubled if Russia ends up with 20 percent of Ukraine, given that he wants all of Greenland; may reoccupy the Panama Canal Zone; thinks Canada should give up its independence and become the 51st state; and raves about taking over the Gaza Strip, expelling its population, and then building some hotels. Some of these musings might seem utterly fanciful, but the worldview they reveal is something no foreign leader can afford to ignore.
Third, and most important, Trump, Elon Musk, Vance, and the rest of the MAGA team are openly backing illiberal forces in Europe. In effect, they are trying to impose a far-reaching regime change throughout Europe, albeit without using military force. The signs are unmistakable: Hungary’s Viktor Orban is a welcome guest at Mar-a-Lago. Vance met with Alice Weidel, co-chair of the far-right Alternative for Germany party, while he was in Munich, but not with German Chancellor Olaf Scholz, and his declaration that the main challenge to Europe was “the threat from within” was an unveiled attack on the continent’s political order. (It was beyond ironic for Vance to criticize Europeans for anti-democratic behavior, given his refusal to admit that Trump lost the 2020 election or to condemn the Jan. 6 insurrectionists. But I digress.) Not to be outdone, Musk has been spewing his own false and hateful accusations at various European leaders, defending far-right criminals like Tommy Robinson, and interviewing Weidel and expressing his own support for her party.
Despite a few differences on certain issues, the MAGA movement and most far-right parties in Europe generally oppose almost all forms of immigration; are skeptical to hostile toward the European Union; see elites, media, and higher education as the enemy; want to reimpose traditional religious values and gender norms; and believe citizenship should be defined by shared ethnicity or ancestry and not by shared civic values or one’s birthplace. Like their fascist predecessors, they are comfortable with and adept at using the norms and institutions of democracy to subvert democratic rule and strengthen executive power. Sound familiar?
Rachman’s assessment that the United States is now an adversary of Europe is only partly correct, therefore, because Trump and his minions support European far-right nationalist movements that share their basic worldview. They are hostile to a vision of Europe as a model of democratic governance, social welfare, openness, the rule of law, political, social, and religious tolerance, and transnational cooperation. One might even say that they would like America and Europe to have similar values; the problem is that the values they have in mind are incompatible with genuine democracy.
Trump and co. think treating Europe as an enemy risks little, because they believe Europe is a declining region and incapable of getting its act together. Undermining efforts to strengthen European unity by backing the far right also makes it easier for Washington to play divide-and-rule. On the other hand, openly bullying other countries tends to encourage national unity and a greater willingness to resist (as we are now seeing in Canada), and the chaos Trump and Musk have been unleashing here in the United States may make Europeans wary of trying similar experiments at home.
It is also worth remembering that the initial push for European economic integration occurred in the 1950s, when European leaders believed the United States was going to withdraw its forces from the continent in the not-too-distant future and turn responsibility for European security back over to these states. Integrating key industries such as coal and steel was thus a first step to building sufficient economic and political unity to enable these states to stand up to the Soviet Union without direct U.S. assistance. The United States ultimately decided to keep its forces on the continent and the European Economic Community (and later EU) took on more openly economic and political objectives, but the early history reminds us that the prospect of having to go it alone was once a powerful driving force behind greater European cooperation.
Finally, if America is now an adversary, Europe’s leaders should stop asking themselves what they need to do to keep Uncle Sam happy and start asking what they must do to protect themselves. If I were them, I’d start by inviting more trade delegations from China and start developing alternatives to the SWIFT system of international financial payments. European universities should increase collaborative research efforts with Chinese institutions, a step that will become even more attractive if Trump and Musk continue to damage academic institutions in the United States. End Europe’s dependence on U.S. weapons by rebuilding Europe’s own defense industrial base. Send EU High Representative for Foreign Affairs Kaja Kallas to the next BRICS summit and consider applying for membership. And so forth.
Because all of these steps would be costly for Europe and harmful for the United States, I don’t want to see any of them actually happen. But Europe may be given little choice. Although I’ve long thought the transatlantic relationship was past its high-water mark and that a new division of labor was needed, the goal should have sought to preserve a high level of transatlantic amity rather than encourage open hostility. If Trump’s diplomatic revolution turns 450 million Europeans from being some of America’s staunchest allies into bitter and resentful adversaries increasingly looking for ways to hinder the United States, we will have only ourselves—or, more precisely, the current president—to blame.
Stephen M. Walt is a columnist at Foreign Policy and the Robert and Renée Belfer professor of international relations at Harvard University.
Este artículo, publicado originalmente en Foreign Policy, se reproduce al amparo de lo establecido en la legislación nacional e internacional (ver cobertura legal).
Nota informativa: Foreign Policy es una revista bimestral estadounidense sobre política internacional y temas globales. Fue fundada en 1970. Tiene implementado un «muro de pago» por lo que es necesario suscribirse para tener acceso a todos sus contenidos. Más información en su página de suscripción.
https://www.almendron.com/tribuna/yes-america-is-europes-enemy-now/
El dólar boicotea los planes de Trump
China no ha corrido la misma suerte que Canadá y México, que tras extrañas negociaciones, consiguieron retrasar un mes la entrada en funcionamiento de las nuevas tarifas. Para Pekín, los aranceles del 10% a la importación entraron en vigor el 5 de febrero y la contraofensiva arancelaria de China empezará a funcionar este 10 de febrero.
El nuevo presidente de EEUU ya había advertido de su intención de poner en marcha duros aranceles contra rivales y aliados. De hecho, las medidas adoptadas hasta la fecha son mucho más leves de lo que llegó a afirmar durante la campaña electoral. Por ejemplo, en el caso de China, prometió que establecería aranceles de hasta el 100% a algunos productos para acabar con el déficit comercial.
Sin embargo, la noticia de los aranceles cayó como una losa. Para empezar, el dólar aceleró su escalada de las semanas anteriores. El motivo es que esta política obligará a la Reserva Federal a mantener los tipos de interés altos por más tiempo. El primero, que los aranceles generan inflación al encarecer los productos importados. El segundo, que la inversión interna para sustituir las exportaciones recalentará la economía doméstica. Ante esta coyuntura, los inversores optaron por refugiarse en el dólar y aprovechar los tipos de interés más altos y la subida de la divisa.
Pero, en términos de política comercial, si la divisa se aprecia, comprar en el extranjero será más barato, lo que reduce el impacto de los aranceles. El tipo de cambio se ajusta así a un nuevo escenario de menor déficit exterior estadounidense y un coste de las importaciones relativamente más alto. Los aranceles cambian los equilibrios del mercado, pero éste también se ajusta al impacto de las políticas públicas.
https://www.politicaexterior.com/articulo-completo/el-dolar-boicotea-los-planes-de-trump-354957/
Los acontecimientos del pasado fin de semana han dejado en muchos observadores la sensación de estar viendo el drama de la Historia desarrollarse ante sus ojos. El contenido de los discursos pronunciados por el Secretario de Defensa, Pete Hegseth, y el vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, en el cuartel general de la OTAN, en Bruselas, y en la Conferencia de Seguridad de Múnich, respectivamente, eran esperados y esperables en su fondo, pero han sido demoledores en la forma: una reprimenda sin paliativos a sus socios y aliados europeos.
Las consecuencias prácticas de ambos discursos están aún por verse del todo, y pueden llegar a cambiar el curso de la historia. Cualesquiera que sean, es innegable a estas alturas que el vínculo transatlántico ha sufrido un daño considerable.
Estados Unidos parece que ya no está dispuesto a cubrir incondicionalmente las espaldas de Europa, y que la garantía de seguridad que extiende al continente desde 1945 dependerá ahora de que los aliados satisfagan los requerimientos impuestos desde Washington; una relación asimétrica en la que todo tiene un precio.
¿Decadentes e inoperantes?
El tenor de ambos discursos manifiesta con toda crudeza el poco respeto que EE. UU. dispensa a sus socios europeos, a quienes considera decadentes e inoperantes; la visión netamente realista y transaccional que Donald Trump tiene sobre las relaciones exteriores, obviando que la presencia estadounidense en Europa responde, ante todo, a la necesidad de satisfacer sus intereses geoestratégicos; y las tristes realidades de la indefensión europea ante las amenazas que sobre ella se ciernen, y de que, si no reacciona, está condenada a la irrelevancia, si es que no está ya plenamente instalada en ella.
La reunión de países europeos organizada apresuradamente en París, con su liturgia de quejas de los no convocados y de diferencias sobre el papel europeo en esta grave circunstancia, no hace sino hurgar en la herida.
Un enano militar
No faltará quien considere que Europa cosecha hoy lo que ha sembrado a lo largo de varias décadas ignorando las demandas de una defensa digna de tal nombre. Europa optó por convertirse en un enano militar y, consecuentemente, el presidente Trump ha decidido ahora, porque puede hacerlo, dirimir el futuro de Ucrania bilateralmente con Rusia y sin tener en cuenta ni a Ucrania ni al continente.
Tal visión no está exenta de mérito, pero es injusta en este caso concreto porque, con todas las limitaciones que se quiera, la asistencia financiera y material europea a Ucrania no ha sido menor, y porque el continente ha debido hacer un importante esfuerzo –del que Estados Unidos se ha beneficiado– para reducir su dependencia de los recursos energéticos rusos.
Además, la cuestión que se dirime le afecta directamente, toda vez que convive con Rusia en Eurasia sin poder beneficiarse del foso protector del Atlántico.
Negociaciones sobre Ucrania pero sin Ucrania
Las negociaciones no han hecho sino comenzar y sus contornos son aún imprecisos. La idea de desplegar en Ucrania una fuerza multinacional europea para mantener la paz parece abrirse paso como una de las demandas que Trump podría hacer a sus socios.
Si, finalmente, Rusia aceptara tal despliegue, probablemente los europeos aceptarían la decisión para no indisponer más a Estados Unidos. Hacerlo, sin embargo, requiere aclarar antes aspectos cruciales como el de la necesidad de contar con una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, donde, no se olvide, Gran Bretaña y Francia tienen derecho de veto; o los de la misión específica que deberán cumplir las fuerzas, las condiciones para el uso de la fuerza o la situación final deseada para proceder al redespliegue.
La fuerza, además, debería contar con un sistema robusto de mando y control, y de capacitadores esenciales como comunicaciones, inteligencia o defensa aérea. Finalmente, tendría que disponer de una reserva potente, y del respaldo creíble de otros medios para disuadir a Rusia de atacar u hostigar a las fuerzas desplegadas en Ucrania. Todo ello, hoy por hoy, hace imprescindible una contribución norteamericana mínima.
Prepararse para el peor de los escenarios
Aceptar el despliegue sin una respuesta satisfactoria a estas cuestiones entraña aceptar importantes riesgos: ¿qué pasa si, por ejemplo, un miembro de la OTAN es atacado por Rusia?
La de participar es una decisión soberana de cada uno de los países europeos afectados quienes, en aras de su propia seguridad, no deberían cejar en su demanda de tener una voz en la toma de decisiones que tan gravemente les afectan.
La llegada de Trump ha abierto un paréntesis que puede cerrarse, retornando a la normalidad, cuando concluya su mandato. Europa debe prepararse, no obstante, para el peor de los escenarios; considerar que las relaciones transatlánticas ya nunca volverán a ser como antes; y hacer, de la necesidad, virtud, avanzando en la dirección de lograr una auténtica autonomía estratégica de la mano de la OTAN que, a pesar de los pesares, sigue siendo vital para la seguridad continental.
Salvador Sánchez Tapia, Profesor de Análisis de Conflictos y Seguridad Internacional, Universidad de Navarra.
Este artículo, publicado originalmente en The Conversation, se reproduce al amparo de lo establecido en la legislación nacional e internacional (ver cobertura legal).
Nota informativa: The Conversation es una fuente de noticias y análisis escritos por la comunidad académica e investigadora y dirigida directamente a la sociedad. Fue fundada en 2011. Todos sus contenidos son de acceso libre.
- https://elpais.com/opinion/2025-02-20/la-discreta-grandeza-de-europa.html?ssm=TW_CM&utm_source=tw&utm_medium=social
Trump en clave imperial
Jesus A.Nuñez Villaverde
No es, desde luego, el único. Ahí está desde hace tiempo Vladímir Putin empeñado en garantizarse una zona de influencia propia en sus vecindades europea y asiática, mientras que Xi Jinping no deja duda alguna sobre su pretensión de absorber Taiwán y ampliar su dominio en los mares del sur y del este de China. Y hasta Turquía sueña a lo grande e Israel sigue ganando terreno soberano de otras naciones manu militari. En todo caso, lo chocante con Donald Trump es que sus recientes pretensiones imperialistas respecto a Canadá, Panamá y Groenlandia rompen por completo su pretendida imagen de no belicista y su supuesto perfil aislacionista.
Trump y su estrambótico compañero de viaje, Elon Musk, parecen pretender remodelar el mundo a su imagen y semejanza. Eso supone, en primer lugar, terminar el derribo del orden internacional vigente, tanto en lo que afecta a instituciones que directamente no respetan –como las Naciones Unidas– o que ya no les resultan útiles –como la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)–, al tiempo que se sienten libres para saltarse los compromisos internacionales heredados- como el Acuerdo de París –y para hacer caso omiso de las reglas fundamentales que regulan las relaciones internacionales– incluso aunque se trate de aliados. Así se entiende, por ejemplo, que no descarte el uso de la fuerza militar para lograr el control de Groenlandia y del canal de Panamá o que muestre un desprecio tan visible contra el primer ministro canadiense.
“Cuando un personaje como Trump habla de que el control de estos territorios es de ‘vital’ importancia para la seguridad nacional estadounidense, es inevitable rememorar la referencia al ‘Lebensraum’ germánico del que Adolf Hitler echó mano en su momento”.
No parecen ser, contra lo que pudiera parecer a primera vista, ocurrencias o desvaríos de actores noveles en el escenario internacional, sino meditadas posturas de quienes van a liderar la principal potencia militar, económica, cultural, tecnológica y energética del planeta. Eso hace que dispongan de muchos y muy potentes instrumentos para hacer realidad sus sueños, inspirados por un agresivo y ultranacionalista enfoque transaccional que buscaría no sólo intentar revertir el declive del liderazgo estadounidense, sino tomar ventaja en la competencia entre potencias globales que ya quedó reflejada en la Estrategia de Seguridad Nacional que el propio Trump suscribió en diciembre de 2017.
Cuando un personaje como Trump habla de que el control de estos territorios es de “vital” importancia para la seguridad nacional estadounidense, es inevitable rememorar la referencia al “Lebensraum” germánico del que Adolf Hitler echó mano en su momento; sobre todo si se recuerda que el propio Trump manifestó que se sentía tentado de ser “dictador”, al menos por un día, y de contar con los generales que aquel había tenido. Lo que parece transmitir ese planteamiento es un claro deseo de consolidar un área propia fundamentada en una asociación asimétrica en la que Estados Unidos (EEUU) sería el único que gozaría de soberanía real, subordinando el resto de vecinos y aliados a su dictado (algo similar a lo que tenía en mente Leónidas Brézhnev en 1968 cuando hablaba de la “soberanía limitada” del resto de miembros del Pacto de Varsovia).
Visto desde la Unión Europea (UE) esa perspectiva anuncia problemas. Por un lado, porque podemos vislumbrar que, con todo su poderío económico y tecnológico, buscará dividir y debilitar a los Veintisiete potenciando las relaciones bilaterales con cada uno de ellos en detrimento de Bruselas. En la medida en que no pueda subordinar al conjunto de la Unión a sus planes, tratará de alimentar la fragmentación que ya existe, cortejando a unos (con Viktor Orbán y Giorgia Meloni a la cabeza), mientras castiga a otros; todo ello con la intención de contribuir al descrédito de un proyecto de unión política que representa lo contrario de lo que el magnate propugna. Por otro, más allá de que su propia figura servirá de ejemplo a seguir por parte de actores euroescépticos y antieuropeístas, empeñados en dinamitar la Unión desde dentro, podría encargarse de apoyarlos financieramente para que puedan tener mayor capacidad para promover el mismo ultranacionalismo antidemocrático que define al próximo inquilino de la Casa Blanca.
En esa misma línea cabe temer que su implicación directa en la resolución del conflicto en Ucrania, aprovechando que EEUU es el principal contribuyente económico y militar de Kyiv, termine por forzar un acuerdo que deje el país dividido y la UE más expuesta al ardor militarista de Moscú.
Que, contraviniendo la tradicional costumbre de no contar con mandatarios extranjeros en la toma de posesión, Trump haya cursado invitaciones al presidente chino (que la ha rehusado), a Benjamín Netanyahu (que previsiblemente tampoco asistirá), a Nayib Bukele (presidente de El Salvador), a Daniel Noboa (presidente de Ecuador), a Javier Milei (presidente de Argentina), a Giorgia Meloni (primera ministra de Italia), a Jair Bolsonaro (expresidente de Brasil), a Salomé Zurabichvili (expresidenta de Georgia), a Nigel Farage (diputado británico y líder del partido Reform UK), a Eric Zémmour (líder del partido francés ultraderechista Reconquista) y a Santiago Abascal (líder del partido ultraderechista Vox), da una idea de sus simpatías y sus intenciones.
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